Otra vez más, es la tercera vez que se despierta esta noche.
Esta vez tiene más calor que nunca. Se incorpora, con la intención de ir al
baño a lavarse la cara.
Pero le pesa tanto el cuerpo que se queda así, mirando la
pared en la cual solían haber muchas fotos de los dos, pero ahora sólo hay
marcas de celo y agujeros de chinchetas.
Hace un movimiento como de querer quitarse un mosquito de la
cara, pero en vez de al insecto, se encuentra en la cara una lágrima. Se
deshace de ella como si de veneno se tratase, y luego se arrepiente porque ahí
donde se ha dado, ahora está no solo más
mojado, sino que seguramente le saldrá un cardenal. Y eso le puede. Se acurruca en la cama y empieza a sollozar, y a su
cabeza llegan recuerdos. Estaba en la misma posición, llorando también. Pero
había algo distinto: él. Ahí estaba,
abrazándola, protegiéndola con su esbelta figura, susurrándola cual pájaro
cantor que todo saldría bien.
Gira la cabeza, deseando que no fuera un fruto de su
despiadada imaginación, pero eso sólo consigue que se decepcione más. Ella bien sabe que ahora nada es lo mismo;
donde antes había un vivo corazón ahora sólo hay cristales rotos; donde antes
había una respingona sonrisa ahora sólo hay llanto amargo; donde antes habían
fotos de los dos, y recuerdos, preciosos recuerdos, ahora sólo hay marcas de
celo y agujeros de chinchetas.
Ilusa ella si piensa que habrá marcha atrás.
Iluso él si piensa que será fácil de olvidar.
Ilusa la cama que piensa que les volverá a cobijar de sus
problemas.
Ilusa la luna si la quiere oír reír de nuevo. Ella ya no
reirá jamás.
Impresionante, en serio. Se lee el talento en cada línea. <3
ResponderEliminarGraaaacias :33.
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